Fiestas y tradiciones

Cruces de Mayo – Los Mayos

Cruces de Mayo

Cuidadoso observador de las costumbres de los pueblos, una cosa para mí extraña y original llamó mi atención al entrar en la Mancha.

Son “Los Mayos”. Es la fiesta de la Cruz.

Desde tiempo inmemorial se viene observando, y de padres á hijos se sucede esa fiesta sin interrupción, conservándose con religioso respeto.

La proximidad de la fiesta es anunciada ya dos días antes con las músicas de los obreros que alegres, desde las diez de la noche, recorren las calles entonando ante la reja de la joven que ha sabido inspirarles sus afectos, esos cantos trovadores llamados “Los Mayos”, que brotan de aquellos sencillos corazones, á impulso del afecto y del sentimiento y que tienen por recompensa un obsequio de aquella y una sonrisa preciada, precursora del careto que deleita.

Su canto es típico, original, inarmónico, pero con dulces expansiones rítmicas, cadenciosas, laborantes de sencilla pasión, con sus rumores de besos, con ondulaciones de amor. Notas que penetran en el alma abriendo los broches del corazón al puro afecto.

Las habitaciones de las casas donde ha de colocarse la Cruz y cuya colocación es debida á promesas hechas por desgracias sufridas ó esperanzas realizadas, se van adornando por las jóvenes con ese coquetismo y natural elegancia propios de la mujer; y ya admirablemente dispuesto todo y ante preciosa y artística plataforma, elévase majestuosa y solemne una Cruz.

La noche de la víspera ábrese al vecindario la casa donde hay Cruz y todos acuden á orar, como se recorren los Monumentos de Semana Santa, y ante aquel improvisado altar se postran las gentes con religioso respeto, pensando, seguramente, que si un árbol nos quitó celeste vida, pura y redimida nos la volvió el Madero de Pasión.

Sobre la Cruz depositan multitud de alhajas preciosas y con ellas se adorna de tal modo que, verdaderamente, maravilla é impresiona. Hasta el amanecer es un continuo ir y venir de gentes; y cuando el sol dora las crestas de las montañas vecinas, se cierran esos improvisados templos como para dar paso a la luz del nuevo día.

Lo extraño de esta fiesta es el contraste que ofrece la religiosidad del acto con las músicas que entran á tocar ante la Cruz, y que mientras unos rezan, las jóvenes bailan toda la noche en la entrada de la casa, con esa alegría sencilla é inocente que, presidida por la oración, en nada desdice de la ceremonia.

Todo alrededor de la Cruz son flores, luces, verdores de fragantes aromas, armonías del alma, espasmos de amor y de cariño.

¡Dichoso el pueblo que sabe conservar sus tradiciones! – Crónica editada en Vida Manchega el 9 de mayo de 1912 por JORGE DE MATEO

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