Bodegas y vinos

Las bodegas abren sus puertas al público con vino y… mucho más

Las bodegas abren sus puertas al público con vino y… mucho más

La importancia social, cultural y económica del sector vitivinícola de Castilla-La Mancha queda de manifiesto en sus más de 400.000 hectáreas de viñedo. Aprovechando estas condiciones y la fortaleza del sector turístico español, las bodegas castellano-manchegas están abriendo, cada vez más, sus puertas al público, y hoy con más motivo, ya que se celebra el Día Europeo del Enoturismo.

Cada vez son más los visitantes que se acercan a Castilla-La Mancha interesados no solo por su patrimonio cultural y natural, sino también movidos por otros placeres mundanos, como son el comer y el beber. Y es que, como reza el refrán, «con pan y vino se hace el camino». De hecho, la región cuenta con un gran número de bodegas, hoteles y otro tipo de alojamientos relacionados con el mundo del vino.

El objetivo del sector enoturístico es crear una red de rutas del vino.Para ello decenas de empresas ofrecen visitas y acercarse al viñedo a través de sus instalaciones. Entre otras, destacan bodegas como Castilblanque, Martúe, Casa del Valle, Pago del Vicario, Cigarral de Santa María, Dehesa del Carrizal, Finca Romaila o Los Aljibes.

ABC ha conocido los proyectos de estas dos últimas bodegas que, además de vino, ofrecen otros alicientes. Por un lado, Finca Los Aljibes cuenta con una oferta enoturística que consiste en, primer lugar, en lo mismo que ofrecen otras bodegas, como es enseñar el proceso de elaboración del vino desde el viñedo hasta el resultado final de la botella que sale al mercado. Pero la diferencia de esta bodega es que la visita se puede realizar montado en un carro de caballos de pura raza española, «lo que da un toque romántico a esta experiencia», explica a ABC Manuel Lorenzo, director gerente de esta bodega.

La afición al mundo del caballo de Lorenzo viene desde hace mucho tiempo, y es que comenzó a montar a caballo y a interesarse por ello desde muy pequeño. De hecho, hace treinta años que Finca Los Aljibes cuenta con una ganadería propia de caballos de pura raza española. «Esta peculiaridad nos permite poder explicar al visitante cómo es esta raza y, de este modo, mostrarle que no solo proviene de la zona de Andalucía», señala.

La bodega tiene dos tipos de clientes o visitantes. Por un lado, el nacional, que normalmente es un apasionado del vino de la zona de Albacete y de los alrededores y, por otro lado, al estar próxima a la zona de Levante, también acuden muchos turistas extranjeros que pasan sus vacaciones en la costa o incluso porque tienen residencia también en las provincias de Murcia, Valencia y Alicante.

Todo aquel que se acerque a Finca Los Aljibes, aparte de probar sus vinos, podrá saborear la gastronomía típica de la zona, con un menú cerrado en el que se incluyen platos como el gazpacho manchego, el arroz con liebre, el ajo «mataero», el atascaburras, el lomo de orza o la perdiz en escabeche.

Después de comer y de beber, los visitantes también tienen la posibilidad de alojarse en unos apartamentos totalmente acondicionados dentro del palacio del siglo XVI de Núñez Cortés, situado en el centro de Chinchilla de Montearagón, localidad de origen medieval declarada de Interés Turístico Regional. Además, hace poco los propietarios de la bodega han abierto una casa rural de dos espigas -máxima distinción para un alojamiento de estas características-, que dispone de cinco habitaciones dobles cerca del entorno natural de la laguna de Pétrola.

Y, cómo no, el gran protagonista de Finca Los Aljibes es el vino, desde el blanco y el rosado de nueva añada, que ya se pueden probar, hasta la gran variedad de tintos que elaboran. Los numerosos tintos que se encuentran en el mercado van, a su vez, de los más ligeros, como el Viña Aljibes con seis meses en barrica, a los vinos con más estructura y con más crianza, como el C abernet Franc, el Syrah o el Petit Verdot. Es digno de reseñar también que la bodega cuenta con un vino de la variedad Garnacha Tintorera, llamado La Galana, uva que se encuentra en esta zona que va desde Chinchilla de Montearagón hasta Almansa.

Viñedos a vista de pájaro

A por más de quince minutos de Toledo y dentro del término municipal de Almonacid, se encuentra Finca Romaila, poco conocida para muchos pero que lleva a sus espaldas muchos años de trabajo. Ya en el siglo XVIII se elaboraban vinos de renombre en este terruño, como refleja el Catastro del Marqués de la Ensenada, y ahora el empeño de los propietarios no difiere mucho, ya que su objetivo es la elaboración de caldos de calidad y convertir en breve a la bodega en un pago, es decir, una denominación de origen propia.

El director técnico de la bodega, Ignacio Mateos, destaca sus vinos «por su frescura, su elegancia y por sus sabores frutales», a pesar de estar en un punto geográfico muy cálido, con 40 grados en verano, y de sus largas crianzas en madera de barricas de roble francés. Los dos vinos que comercializan –Finca Romaila y Oh de Romaila- son «coupage», es decir, están elaborados con una mezcla de las cinco variedades que se cultivan en este terreno (Tempranillo, Graciano, Syrah, Petit Verdot y Cabernet Sauvignon), «ensambladas de manera armónica por el enólogo de la bodega, Joaquín Gálvez», subraya.

Por lo que se refiere a su proyecto enoturístico, la oferta normal de Finca Romaila consiste en una visita a la bodega y a los viñedos destinada a eventos de empresas con grupos reducidos o en colaboración con hoteles, que también mandan a grupos poco numerosos. El tipo de cliente es muy variado, ya que, además de los grupos de empresa, han visitado la bodega políticos y embajadores, aunque, según señala Ignacio Mateos, no se olvidan tampoco de los visitantes particulares de los alrededores o de otros puntos de la geografía nacional.

La cetrería es, junto al vino, el gran atractivo de esta bodega, ya que la docena de aves rapaces con las que cuenta Finca Romaila se utilizan para control cinegético y evitar las plagas de otros animales que pueden dañar los viñedos, las olivas o los pistachos cultivados en su terruño. De este modo, muchos visitantes acuden interesados en conocer «in situ» cómo cazan a las urracas y a las palomas los halcones peregrinos -los animales más rápidos del planeta, que alcanzan los 350 kilómetros por hora-, o cómo hacen lo propio los búhos reales y las águilas harris con conejos o liebres.

Vía: ABC.ES

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